Falta de respeto en la pareja: señales de peligro

Perder el respeto intoxica la relación

Desde pequeños nos han inculcado el respeto a los mayores, a las autoridades, al medio ambiente, al turno de palabra, a la patria, etc.

En el mejor de los casos, crecemos con el valor del respeto interiorizado y, sin embargo, cuando llegan los momentos de estrés, de desacuerdos, de obstáculos, la capacidad de empatizar y respetar al otro, puede verse mermada.

Y si el otro es tu pareja, convive contigo y comparte tu cotidianeidad, el efecto de la ausencia de respeto puede ser devastador, igual que si seguimos llenando el mar con plástico.

Son muchas las parejas que acuden a mi consulta y muestran, incluso durante las sesiones, una llamativa falta de respeto entre ambos. Personas que, individualmente, serían etiquetadas por un gran porcentaje de sus familiares, conocidos y amigos como especialmente respetuosas.

¿Qué pasa en la pareja para acabar tan intoxicada?

Un caso real, que puede ser el tuyo

«Pablo y `Paula son una pareja que lleva 8 años juntos, 6 de ellos de convivencia. Lo suyo fue un flechazo, fue verse y la química fue notoria. Como suele suceder, al principio sólo se fijaban en lo que coincidían. Pensaban con frecuencia que estaban perfectamente hechos el uno para el otro.

Cuando estaban a punto de celebrar el primer aniversario comenzaron los desacuerdos: no iban al mismo ritmo, ni parecía ya que desearan hacer tantas cosas juntos, pero como tantas crisis que vinieron después esa primera la sortearon.

El segundo año fue importante, decidieron vivir juntos y las diferencias se hicieron evidentes: no coincidían ni en la elección de los muebles, ni en el reparto de las tareas domésticas.

Hasta aquí, eran una pareja con desavenencias que solventaban aparentemente, y digo aparentemente, porque ambos comenzaron a callarse muchas cosas por no discutir, hasta que, como suele pasar, uno de los dos explotó y empezó a descargar todo lo que llevaba acumulado que tan injusto le parecía.

Y eso fue un no parar, se abrió la veda y el intercambio de agresividad fue en aumento. Los primeros años eran gritos, aspavientos con las manos, miradas desafiantes, gesto del dedo índice en señal de amenaza.

Pero cuando uno de los dos recibía esto, la respuesta por parte del otro en cuanto a agresividad se multiplicaba por dos, hasta el punto de que con el transcurrir de los años llegaron los insultos, las descalificaciones, las humillaciones mutuas delante de los niños y los portazos como música de fondo.

Un día la tensión era tal, después de varias semanas gritándose por cualquier cosa, que no soportaban estar en el mismo espacio físico y comenzaron a empujarse cuando no querían escuchar lo que el otro tenía que decir. En uno de esos empujones uno de los dos se golpeó contra una mesa, y sintió tal impulso por devolver el golpe que lo hubiera hecho, si no llega a ser porque detrás estaba uno de sus hijos mirándoles»

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¿Cuándo se cruzó el límite?

¿Cuándo se iniciaron las faltas de respeto?

¿En qué momento la comunicación se convirtió en tóxica?

Es difícil establecer un punto exacto, pero lo que sí sabemos es que, si te comunicas desde la agresividad, lo más probable es que provoques en el otro una reacción similar que, consecuentemente, requerirá por tu parte de más ira aún para defender la misma idea.

Es lo que se conoce como escalada de agresividad, una competición por quedar en lo más alto a costa de descalificar al otro. Una vez metidos en esta dinámica, como hemos comprobado en el caso de esta pareja, es muy complicado recular, porque se ha instaurado la falta de respeto como método cotidiano de comunicación.

Señales de falta de respeto en pareja

A continuación, enumeramos algunos ejemplos de comportamientos que debieran alertarnos, porque son señales de que el respeto se está ausentando de tu relación de pareja.

Cuando los leas, si estás en estado neutro, emocionalmente hablando, probablemente te sea fácil entender el efecto negativo que pueden ejercer en la comunicación entre ambos.

Sin embargo, te invito a que durante la lectura, te hagas una miniauditoría y visualices cada una de ellos lentamente para que tomes conciencia de con qué facilidad pueden llegar a convertirse en hábitos que automatizamos y que, al final, acabamos normalizando.

Es difícil pensar en una pareja que nunca haya manifestado algunos de estos comportamientos en algún grado. Todos somos susceptibles de presentarlos, y de revertirlos, por supuesto.

Veamos algunos de ellos con más detenimiento:

  • Finalizar una conversación dando un portazo, un golpe en la mesa o tirando algún objeto.

  • Insultos o descalificaciones directas (“eres una imbécil…”) o indirectas (“hace falta ser retrasado para no darse cuenta de que…”)

  • Lenguaje no verbal o paraverbal agresivo: gritos o elevar el tono de voz, uso continuado del sarcasmo y la ironía con intención de dañar al otro o menospreciarle, mirada fija y desafiante, expresión facial de asco o aversión hacia la otra persona, invadir el espacio físico de la pareja para intimidarla, ademán de golpear al otro alzando la mano, levantar el dedo índice en expresión de dominancia y control al entablar una conversación, etc.

  • Ridiculizar la postura del otro en términos de etiquetas peyorativas como “estás loco”, “eres una histérica”, “eres un payaso”, “eres patética”.

  • Retirar la mirada y negarse a contestar cuando el otro está hablando.

  • Abandonar bruscamente el diálogo, o interrumpir constantemente al otro, sin dejarle acabar las frases.

  • Hacer criticas destructivas mofándose de los aspectos en los que se difiere con el otro

  • Menospreciar las diferencias en cuanto a religión, educación, forma de vestir o ideología del otro, como si sus preferencias o valores fueran indignos, ridículos o inferiores.

  • Evidenciar delante de los demás un punto débil de la pareja, burlándose en público del otro o desvelando información privada, mermando así el respeto y la confianza depositada.

  • Incumplir promesas o acuerdos de convivencia de forma reiterada, poniendo excusas y sin asumir la responsabilidad. Faltar reincidentemente a la palabra o al pacto conlleva la pérdida de credibilidad y la ausencia de compromiso y respeto hacia la otra parte.

La lista no está acabada, pero no hace falta experimentar todas las situaciones, ni esperar a que suban en intensidad algunas de ellas para ponerle freno de inmediato a estas conductas irrespetuosas y dañinas.

Como señalo en mi ebook «Cómo superar una ruptura con el pensamiento» las faltas de respeto son uno de los principales motivos de ruptura entre las parejas, haciendo inviable la convivencia.

Puedes imaginarte que cuando menos la pareja experimentará una crisis que se manifestará en distanciamiento, desconfianza, desmotivación para pasar tiempo en pareja, patrones de comunicación agresivos normalizados, etc.

¿Te identificas?

¿Te reconoces en estos comportamientos?

¿Crees que tu relación de pareja necesitaría bajar el nivel de agresividad?

¿Te han venido a la mente escenas vividas en las que la característica principal era este tipo de comunicación agresiva?

Suele ser mucho más fácil captar cuando es nuestra pareja quien nos falta al respeto, y minimizar nuestras conductas irrespetuosas, llegando incluso a justificarlas o excusarlas.

No se trata de que te culpabilices o hagas un reproche más a tu pareja por esto, simplemente comienza por tomar conciencia de las señales peligrosas.

No te resignes a vivir así, no lo consideres normal, no subestimes la importancia de los insultos y las descalificaciones, no hagas oídos sordos a una realidad, no creas que porque sean gestos o miradas no dañan, no lo encubras con eso de “bueno es mi forma de discutir, qué le voy a hacer, es mi carácter…”.

Seas el que falta al respeto o al que se lo faltan, no lo justifiques, no te conformes. ¡Ve a por el cambio!

Tan peligroso es que excuses tus conductas irrespetuosas como las de tu pareja. Solo considerándote parte del problema, podrás ser parte de la solución.

Si te sientes identificado con alguna de las señales de alerta que hemos detallado, sal de ese círculo tóxico de agresividad, y proponle a tu pareja iniciar una terapia de pareja, donde ambos podáis desintoxicar la relación y adquirir herramientas más adecuadas de comunicación y negociación.

En cualquier caso, has de saber que la comunicación respetuosa y asertiva puede aprenderse y entrenarse, igual que lo haces con otras materias. No saber no es excusa para asesorarte o practicar.

Finalizamos con un vídeo de canal Cuida tu salud emocional donde se presenta el respeto como un elemento indispensable para mantener una relación sana:

Si quieres saber más sobre este tema, puedes leer estos artículos relacionados:

¿Has visto en el caso expuesto algún parecido con tu relación de pareja?
¿Crees que tu pareja te falta al respeto o a la inversa?


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Por Patricia Córdoba


About the autor: Patricia Córdoba


Licenciada en Psicología por la UAM, Col. Nº M-16099. Experto en Psicoterapia Breve. Máster en Sexología y amplia experiencia como psicóloga y formadora en el área de la psicología de la salud y la educación. Fundadora de Tupsicologia.com, asesoramiento psicológico presencial y on line, un apoyo profesional y cercano

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